jueves, 5 de marzo de 2026

Cosas que solo me podían pasar en el mes de la mujer

 TW: Relato de abuso sexual. Tomar con precaución o pasar por alto.


Una de las cosas que siempre me ha molestado, desde hace ya diez años y contando, es cuando se habla del abuso sexual, y se culpa a la víctima por su silencio. Me he limitado a decir solamente "si no sabes por lo que está pasando, no deberías hablar de eso", o "el único culpable es el abusador", cosa que en mi propia familia incluso me han hecho de menos o llamado exagerado por "molestarme como si alguien me hiciera algo".

Lo que no saben, es que me pasó a mí. 

Verán, estuve en una relación de varios años con quien fue mi primer novio, mi primera vez, el padre de mi hija... y por un largo tiempo también llegué a pensar que era el amor de mi vida, que nadie nunca me iba a querer como él, o nadie nunca me iba a querer en general. Tenía traumas que él supo aprovechar desde las partes más crueles y despiadadas.

Ya he escrito cosas sobre este tema, pero jamás me sinceré con otras personas, de forma más personal, más profunda, ni siquiera toqué más allá de la punta del iceberg aparte de "sufrí abusos de diversos tipos por parte de mi ex pareja". Por ello, cuando hoy mi madre hablaba con su hermana del tema, de una menor de edad que fue embarazada por el padrastro, al escuchar que a la niña seguramente le gustaba porque no le dijo nada a su madre, me enojé, y por primera vez al escuchar tantas estupideces juntas, salí a decirles no solo lo estúpido de ese pensamiento, sino especular las razones por las que podría no decir nada hasta formarse el embarazo.

Claro, viniendo de gente con tan poca empatía, vino el clásico comentario "si a mí me pasara, yo hablaría", ¡Por dios! ¡Yo también decía eso! Soy demasiado lista como para que me pase, yo no permitiría que eso me suceda. Pero es cosa de los agresores, no sé todavía cómo lo hacen, pero de alguna manera te convencen de que tú también lo quieres, te meten miedo si llegas a hablar, o simplemente te convencen de que esto no está sucediendo. Y cuando te das cuenta, ya han pasado más de diez años sin contacto, sin repetir el asunto. Me recuerda también a un jefe que tuve, y su opinión toda pendeja de "no puedes simplemente recordar 'ah, me violaron', y denunciar. Eso se hace al momento". 

Bueno, una de las razones por las que yo no hablé fue el miedo. Miedo a no ser escuchada, a ser juzgada, y justamente fue lo que pasó hoy. Imaginen tan solo el deshacerse en lágrimas, admitiendo que me amenazaron, que me ahorcaron, que me sacaron cuchillos en frente o que me intentaron sacar desnuda de la casa por negarme a tener relaciones. Admitir que la primera vez que me negué y expresé miedo fue la primera vez que intentó asesinarme activamente (la vez que me ahorcó). Que de las once veces que he tratado de suicidarme en mi vida, cuatro fueron durante esa maldita relación. Que introdujo en mí objetos que me hacían daño, solamente porque a él le parecía placentero, porque quería lastimarme, castigarme, lo que fuera.

Forzarme a tener relaciones sexuales, el forzar una aprobación de mi parte también es abuso sexual, y no lo supe hasta que salí de ese encierro, que aprendí a valorarme y aprendí que muchas cosas que lamentablemente tenía normalizadas eran en efecto un acto de violación. Todo eso hoy fue revelado, entre lágrimas, porque ya no pude aguantar la presión en mi corazón, el escuchar a mi propia madre hablar tan mal de las víctimas, siendo que yo también soy una víctima, soy una sobreviviente. 

Lo menos que podía esperar era algo de compasión, un silencio y una disculpa porque no sabían. Pero no. Lo único que recibí fue un "yo también pasé por eso, le dije a mi mamá y no me creyó", lo cual hizo más dura la respuesta. Si también sufrieron abusos, ¿por qué son así conmigo? ¿Con las víctimas? Pero hoy solamente demostró mi señora madre que yo tenía razón en no decir nada, porque la principal razón por la que no hablaba era porque, como todo, no me iba a creer, me iba a juzgar, me iba a decir tonta y que activamente yo disfrutaba de los abusos.

Me encerré poco después de eso a llorar en soledad, a sacar todo. Me juré nuevamente que si a mi hija, y espero que no, le llegue a pasar, yo le voy a creer, le daré la confianza de decirme todo, y que sepa que no va a estar sola. No estará sola como yo estoy ahora. 

Me duele estar sola, que todo lo que Carlos Alberto Galaviz Pérez me hizo se quedará siempre conmigo, porque la persona que más debió cuidar de mí, que debió ser mi confort y mi alivio en cuanto sucedió, decidió juzgarme, barrer el asunto bajo la alfombra, y todavía decirme que no me enoje con ella porque ella no me hizo nada malo.  

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