Quisiera decir que yo fui inmune a eso, o tan siquiera ser quien escribía poesía de cincuenta centavos, pero la verdad es que no fue así. Fui alguien más que cayó por un hombre que se sentía la gran verga por escribir en un blog experiencias todas estúpidas pero con un lenguaje rimbombante. Quizá y hasta yo tengo un poco de culpa, por no saberme expresar, en lugar de decir que me gustaba la gente que me aportaba cosas y que enriquecía mi conocimiento, en su lugar dije «me gusta estar con gente que me hace sentir estúpida». Y no solo me hicieron sentir, me vieron la cara de estúpida.
Y digo con total libertad no solo que me vieron la cara de estúpida, sino que me quitaron todas las metas que tenía. En resumidas cuentas, tenía un askblog de tumblr donde subía dibujos para ilustrar un personaje que tenía, y dibujaba cada que me enviaban una pregunta. Llegué a hacer fan doblaje para pocos proyectos, de los cuales solamente sobrevive un video, y me llegué a presentar para muchas personas durante mi época de estudiantina. Estuve incluso escribiendo una historia en Wattpad que llegó a generar muchísimos lectores y comentarios. Todo esto valió madre cuando me junté con el cacas.
Se lo cuento ahora a mi mini me, quien me contesta con total seguridad, «te cortaron las alas», cuando yo solamente compartía una anécdota graciosa, de cómo por grabar un cóver parodia para la Inciclopedia, me contactaron para esos proyectos de fandub. Le conté cómo para un foro masivo de internet nos juntamos varios a hacer un disco de cóvers, eso sí, audicionando, y que logré un lugar entre miles de usuarios. Le conté cómo básicamente todos los días iba dibujando y que estaba logrando hacer un estilo propio que ya se ha perdido por el tiempo y la desidia.
En fin, que llegó también la pregunta «¿por qué te fijaste en mi papá?», y me da vergüenza responder que fue por desesperación, por miedo a quedar sola para siempre —aunque a los diecisiete años es muy fatalista pensar así—, pero más que naada, me da harta vergüenza decirle que me "enamoró" el hecho de que también era un "escritor".
Me da vergüenza de mí misma y de mi intelecto el saber que caí en sus mentiras, creyendo que escribió un libro que supuestamente fue un bestseller, creyendo que le robaron un proyecto editorial mexicano que se hizo viral por su temática fantástica, creyendo incluso cuando me dijo que él era el autor de un manga llamado Tokyo Akazukin —que, ahora que lo pienso, ¿por qué atribuirse específicamente ese manga?—.
Me dijo que me daría una copia de su libro, parece que hasta se le olvidó que alguna vez dijo que lo escribió. Me dijo que me daría una canción para cantar con su supuesta banda, pero luego resultó que dicha banda no existía. Y dijo finalmente que me dedicaría un libro entero de su poesía toda pedorra, para luego decirme que se la estaba escribiendo a su amiga Aída, aunque para colmo ni eso estaba escribiendo.
Y yo voy ahí de pendeja a creerle todo, a emocionarme y dejar que lentamente me separara de esas cosas que me daban vida. Pero ahora al menos estoy libre por fin, y aunque tengo mucha desidia y lucho con los fantasmas que me dejó, hago día con día mi mejor esfuerzo para regresar a la dinámica, para balancearlo con mi maternidad y mi trabajo. Como dijera Diego Verdaguer, ¿usted que haría?
Pensar en todo eso me da mucha nostalgia, la juventud y vida que se me fue, el sentir que no disfruté mi adolescencia como debía por culpa suya, además de la vida que idealicé romantizando mi realidad, la precariedad de mi familia pero encontrando esa ilusión de sustentabilidad, de inocencia en el caos de la gran ciudad, de la cual él me llevó a vivir la peor parte. Yo soñaba con un cuartito mío, bien decorado con bandas de rock nacional, dedicándome a la escritura como era mi sueño, quizá teniendo una columna en algún periódico local, pero haciendo lo que más amo como principal sustento.
Y veo entonces mi vida en ese infernal lugar, y agradezco por haber salido de ahí y regresar a Iztapalapa. Imagina qué tan mal me fue que digo abiertamente que amo Iztapalapa. Qué loco es tener nostalgia por algo que ni siquiera viví, pero que cobra vida y fuerzas cuando escucho al Haragán, a las Ultrasónicas, a Anabantha y a Interpuesto. Me pone tan de malas pensar que perdí todo por un morro que escribía poemas pedorros. Debí dejarlo cuando le encontré esas fotos indebidas.

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